viernes, 19 de enero de 2024

A 69 años del Convenio IAME - Kaiser.

 



El 19 de enero de 1955 quedaba formalizada la instalación de la fábrica de automotores en Córdoba, al firmarse un convenio entre el IAME y la Kaiser. Produciría, posteriormente, camiones, autos, jeeps, camionetas y demás vehículos, que fueron totalmente argentinos.

El país pasaba de no fabricar ni alfileres, hasta 1943, a desarrollar una impactante industria automotriz propia. La misma fue desmantelada por los gobiernos posteriores al advenimiento de la Revolución Libertadora.

miércoles, 1 de febrero de 2023

Hace 203 años se producía la Batalla de Cepeda




La batalla de Cepeda, del 1 de febrero de 1820, ocurrió durante las guerras civiles argentinas y fue la primera de las dos llevadas a cabo en la cañada bonaerense del arroyo Cepeda (afluente del Arroyo del Medio que divide las provincias de Buenos Aires y Santa Fe), a unos 5 km al este del pueblo de Mariano Benítez (norte de la provincia de Buenos Aires).


La batalla enfrentó a unitarios y federales: el director supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, José Rondeau, fue derrotado por la unión de las fuerzas de los caudillos de Santa Fe, Estanislao López, y de Entre Ríos, Francisco Ramírez, ambos federales y lugartenientes del general José Artigas, de la Banda Oriental, y apoyados por el chileno José Miguel Carrera.


Fue un enfrentamiento muy breve, que justificó que se la conociera como la «batalla de los Diez Minutos».


Los federales resultaron victoriosos, causando la disolución de las autoridades nacionales: el Directorio y el Congreso Nacional. Se inició así el período denominado la Anarquía del Año XX en donde surgieron las autonomías provinciales. El país quedó desde entonces integrado por trece provincias autónomas.


Causas

La causa de la batalla de Cepeda fue el descontento de las provincias del interior con Buenos Aires, que había gobernado a las Provincias Unidas del Río de la Plata surgidas a partir de la Revolución de Mayo, sin tener en cuenta la voluntad de las provincias. La principal exigencia de los líderes federales era que cada provincia se gobernara a sí misma, y que unidas formaran una federación.


Las insurrecciones contra el gobierno del Directorio habían comenzado en 1814, capitaneadas por el caudillo oriental José Artigas. Había logrado extender la rebelión a varias provincias; formó una Liga Federal, que nunca llegó a entenderse con el gobierno central. Estos levantamientos interfirieron negativamente en los planes del Directorio en la guerra de independencia de la Argentina contra los realistas al restar importantes fuerzas tanto al Ejército Auxiliar del Perú, cuanto al Ejército de los Andes.


De hecho, desde 1816, las provincias litorales, Entre Ríos, Santa Fe, Corrientes, Misiones y la Banda Oriental actuaban con independencia del gobierno central, ubicado en Buenos Aires. Tras varios años en que Santa Fe y Entre Ríos fueron repetidamente invadidas por tropas enviadas por el gobierno porteño, la situación no había cambiado en lo esencial.


El rey de Portugal, que residía en Brasil, aprovechó los enfrentamientos internos para anexarse a su territorio la Banda Oriental (actual Uruguay), invadiéndola a principios de 1817 y ocupando su capital, Montevideo. El gobierno de Buenos Aires no hizo ningún esfuerzo serio para defender a Artigas, y éste lo acusaba de apoyar la invasión lusobrasileña.


En 1819, el que había sido el Congreso de Tucumán, trasladado a Buenos Aires, sancionó la Constitución Argentina de 1819 que otorgaba amplios poderes al gobierno central y restringía la autonomía de las provincias de tomar decisiones sobre sus propios asuntos.


En consecuencia, Artigas y los demás caudillos locales acordaron no tratar más con el gobierno central y atacarlo en su propia capital. Por encargo de Artigas, las fuerzas de Entre Ríos se trasladaron a Santa Fe, y desde allí avanzaron sobre Buenos Aires.


Durante el tiempo transcurrido entre la Constitución Argentina de 1819 y la batalla de Cepeda se separaron del gobierno central las provincias de Tucumán y Cuyo, además de que la de Salta era una especie de aliada independiente del gobierno central.


La batalla


Poco antes de la batalla de Cepeda, el 8 de enero de 1820 se produjo el motín de Arequito por el cual el Ejército del Norte, que había sido llamado por el Director Supremo en su ayuda, se había sublevado para no ser obligado a luchar en una guerra civil. De todos modos, Rondeau enfrentó a los federales con el ejército de la capital. Aparentemente, tenía a su favor la ventaja de que el ejército del litoral estaba íntegramente compuesto de caballería. Se componía de 300 a 400 correntinos y guaraníes de las Misiones, 600 a 700 entrerrianos y 500 a 600 santafesinos (formados sobre la base de la guardia de dragones de López). El contingente de Ramírez incluía una escolta de aventureros extranjeros como Carrera. Unos 1.300 participaron de la batalla.


Las fuerzas porteñas se movilizaron con rapidez e invadieron la provincia de Santa Fe antes de que los federales llegaran a Buenos Aires. Rondeau ocupó el borde sur del bañado conocido como Cañada de Cepeda, y esperó allí a sus enemigos. Su infantería incluía el batallón de Aguerridos y el 3º de los Tercios Cívicos, este último formado principalmente por negros. En total 900 infantes. Su caballería eran originalmente los Dragones de la Patria, blandengues y voluntarios de la frontera a los que se sumaron durante la marcha milicias de la provincia en Arroyo del Medio, traídas por el general Rodríguez y el coronel Perdriel. Incluía una batería de artillería.


Rondeau formó su ejército en una disposición clásica, con la caballería a los lados y la infantería y la artillería al medio; protegiendo sus espaldas quedaba la larga formación de carretas. Una posición muy difícil de vencer, si el enemigo atacaba de frente. Pero en medio de la llanura, los federales no estaban obligados a hacerlo, justamente porque sus tropas eran puramente de caballería.


López era el gobernador de la provincia en que se combatía, pero aparentemente dejó el mando de las operaciones de la batalla a Ramírez. Es que López era experto en acciones de guerrilla, pero Ramírez había demostrado ser muy capaz en las batallas. Junto a los santafesinos y entrerrianos, formaban en el ejército federal 600 abipones y guaicurúes del Chaco2?y un escuadrón de correntinos y guaraníes, al mando del capitán irlandés Pedro Campbell. Ambas tribus chaqueñas, desde 1816, a cambio de guerreros obtuvieron permiso de fundar una colonia cerca del campamento de Purificación.


A las 8:30 horas los jefes federales cruzaron al galope la Cañada de Cepeda, rodearon el dispositivo y se pusieron a sus espaldas. De inmediato atacaron a la caballería, mientras la infantería trataba de asomarse entre los carros y los cañones aún apuntaban para el otro lado. La batalla duró aproximadamente diez minutos, y la huida de la caballería directorial arrastró a Rondeau. Los infantes formaron dos cuadros defensivos y rechazaron varias cargas por tres horas.10? El resto del ejército (casi mil hombres) debió retirarse hacia San Nicolás de los Arroyos (a orillas de río Paraná, a 60 km de distancia) y embarcarse de regreso a Buenos Aires, dirigido por el general Juan Ramón Balcarce.


Consecuencias

Todo el norte del territorio de Buenos Aires fue invadido por los caudillos, que llegaron en pocos días a los alrededores de la ciudad de Buenos Aires. El director supremo Rondeau renunció el 11 de febrero de 1820.


La sucesión del poder en Buenos Aires se vio enmarcada por gobiernos provisorios. El primer gobernador autónomo, Manuel de Sarratea, ascendido al poder con la protección de los federales, firmó con ellos el Tratado del Pilar. Por el mismo, la provincia de Buenos Aires reconocía a las demás el derecho de darse su propio gobierno y daba por extinguido el Congreso de Tucumán.


Pero la anarquía continuó en la capital, hasta que en septiembre fue nombrado Martín Rodríguez gobernador. La estabilidad y progreso de su gobierno se logró a costa de aislar a la provincia del resto del país.


Mientras tanto, las provincias se gobernaron a sí mismas como entidades autónomas a la manera de una confederación, más allá de las poderosas influencias que tuvieron algunos caudillos, que gobernaron sobre coaliciones de varias provincias.


Pese a varios efímeros esfuerzos por reunificar el país, entre los que se destaca la presidencia de Bernardino Rivadavia de 1826 a 1827, la Argentina no se volvió a unificar hasta después de la caída del gobernador de la provincia de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas, y la rápida sanción de la Constitución Argentina de 1853. Buenos Aires recién se uniría en 1861.

martes, 23 de noviembre de 2021

A 20 años de esta carta del Teniente Coronel Mohamed Alí Seineldín desde la cárcel de Campo de Mayo

 CARTA DESDE LA PRISION DE CAMPO DE MAYO

LIBERTAD... PARA LA RESISTENCIA

Mohamed Alí Seneldín 23 de Noviembre de 2001





Si bien siempre luché por la plenitud de la Patria (nuestro Segundo y Gran Hogar), fue a partir de 1 988, en que al tomar conocimiento, en Panamá, del cambio de Modelo Político que se impondría a todos los países iberoamericanos, a saber: el reemplazo de la República y el Estado Nacional (previo vaciarlos), por un Bloque de Naciones Dependientes de los Estados Unidos (hoy, llamada “Globalización” o “Nuevo Orden Internacional”), hizo que me dedicara de lleno a analizar el tema estudiándolo a fondo, con las previsiones de las probables consecuencias futuras para la ciudadanía.

Con todas las pruebas y evidencias en mis manos, además de hacerlas conocer a todas las instancias jerárquicas militares, funcionaros, dirigentes de las empresas y de los gremios, ex presidentes, jerarquías de la Iglesia, funcionarios provinciales, etc., me dediqué a. alertar a todo aquel que quiso escucharme, sobre el peligro que se cernía sobre la Nación como resultas de su aplicación. Lamentablemente, debo reconocer que la aceptación, en general, fue escasa.

Pero, a principios de 1989, fui invitado por el candidato a la Presidencia de la Nación Doctor Carlos Saúl MENEM; ante él pude exponer sobre la situación que se desarrollaría en el futuro inmediato, sino se tornaban urgentes decisiones. El Dr. Menem me ordenó que iniciara los estudios; de un Anteproyecto de Defensa y Seguridad Nacional. De esta manera, me puse a trabajar con entusiasmo, sin ambiciones personales y sin sospechar absolutamente nada de lo que ocurriría posteriormente.

Mientras desarrollaba las tareas asignadas, y no habiendo pasado .mucho tiempo, me di cuenta que habla sido engañado y que MENEM era el agente designado por los Estados Unidos para instalar el “Nuevo Orden Internacional” en la república. A pesar de mi difícil situación, puse mi mayor esfuerzo para que me escuchara, pero ante su reiterada negativa, no me quedó otra alternativa que el Pronunciamiento Militar del 3 de Diciembre de 1990, que si bien las posibilidades de triunfo eran escasas, podía servir como advertencia a la ciudadanía sobre el futuro siniestro que les esperaba.

No me explayaré sobre lo que pasó en los diez años de gobierno menemista ("Década Perversa”), en razón de que hoy todo esta a la vista.

Al ser recluido con cadena perpetua en una cárcel común, como producto de un un juicio arbitrario y con las condenas preestablecidas, decidí aceptar mi infortunio y entregarlo como TESTIMONIO a mi querida Patria, a la que tanto le debo, y a mis recordados Soldados que dejaron su vida en la gesta del Atlántico Sur. Esta actitud la mantuve once años, sin haber aceptado los reiterados indultos que sugiriera MENEM durante su gobierno. Mi conciencia me aseguraba que la vieja sentencia; "para la justicia Dios para la Verdad el tiempo", tarde o temprano se cumpliría. Y así pasó, cuando Jueces Dignos encarcelaron a la bien organizada “asociación ilícita", cuyo Jefe era el mismo Presidente MENEM. Este acontecimiento me impulsó aún más, a seguir dando el TESTIMONIO.

Pero el 20 de Noviembre de 2001, lamentablemente, coincidiendo con el día de la Soberanía (¿?), en una vergonzosa operación con el Gobierno, la Justicia, y por iniciativa del gobierno de los Estados Unidos, MENEM y su "banda" obtienen la libertad, retomando en forma inmediata. el programa de entrega al Imperialismo Internacional del Dinero, de lo poco que ha quedado de la otrora Gran República Argentina,

Esta cruel circunstancia, me impone modificar mi decisión: ¡ahora quiero mi libertad…LIBERTAD… PARA LA RESISTENCIA!

POR DIOS y LA PATRIA.

Mohamed Alí Seineldín


PRISIÓN MILITAR DE CAMPO DE MAYO, 23 de noviembre de 2001. En el día del Beato Miguel Pro, quien fuera ejecutado por el "crimen" de ser sacerdote, y solo pidió a sus captores unos minutos para orar y morir con los brazos en cruz. Su muerte es un ejemplo de coraje y convicción. 

lunes, 2 de diciembre de 2019

Se cumplen 55 años de esta carta de Perón a todos los peronistas, luego del frustrado retorno




Carta a los Compañeros Peronistas 2 de diciembre de 1964

Escrito por Juan Domingo Perón.

A LOS COMPAÑEROS PERONISTAS

Río de Janeiro, 2 de diciembre de 1964.

El gobierno cipayo de este país ha frustrado mi primer intento de cumplir mi promesa de regresar al país. Una verdadera conspiración internacional dirigida y orquestada por los imperialismos dominantes con el concurso de los países en manos de usurpadores entregados y entregadores de sus pueblos, ha pedido en esta ocasión más que la razón que nos asiste.

El "Plan para el Retorno", como oportunamente lo habíamos anunciado, es de pacificación hasta el 31 de diciembre, plazo que habíamos establecido para que los enemigos del Pueblo entraran en razón.Hace ocho meses el "Gobierno" por su "Justicia" pedía mi extradicción al Gobierno de España sin éxito. Poco después el Presidente Illía manifestaba que "el regreso del General Perón era solo cuestión del señor Perón. Hace dos días el Ministro de Relaciones Exteriores afirmaba que "si Perón regresaba al país sería detenido de inmediato". Frente a todo ello, yo decidí entrar en el país, para enfrentar esa situación y soy detenido en Río de Janeiro por los secuaces del imperialismo y del "Gobierno Argentino".

En esas condiciones, la respuesta de nuestros enemigos al ofrecimiento de paz y al intento mío de entrar en el país para lograrla, es la guerra. La responsabilidad de lo que ha de ocurrir en el futuro recaerá sobre ellos como así las consecuencias.

El comportamiento de los compañeros que integran la "Comisión Nacional por el Retorno de Perón" está más allá de toda ponderación desde que lo han expuesto todo con la mayor decisión y valor en los duros momentos que juntos hemos debido afrontar.

La inteligente preparación y ejecución de la "Operación Retomo" realizadas por estos compañeros, con gran espíritu de sacrificio, me persuade de la necesidad de confiarles la conducción total de las operaciones que, por designio de nuestros enemigos, se iniciará de inmediato.

La hubiera querido conducir personalmente con la ayuda de ellos, pero la imposibilidad momentánea de entrar a la Patria me lo impide. Por ser una guerra se impone que la disciplina sea su característica más saliente en lo orgánico y funcional. Ya nadie tiene otro saber que el de obedecer y de cooperar. Se terminó el tiempo de opinar en disidencias; comienza la etapa de luchar disciplinadamente, cada uno en su puesto. Al que no esté de acuerdo con ésto es mejor que se aparte. La conducción tiene como su exigencia más funamental la disciplina y sin ella no hay lucha posible. Esta es etapa de mando y el mando se ejerce sin limitaciones derrotistas. El que no desee someterse a esta perentoria necesidad tiene el derecho a desertar pero no a perturbar.

En cuanto a la acción, se acabaron las contemplaciones. Hay que comenzar la guerra integral por todos los medios, en todo lugar y en todo momento. Alejado momentáneamente de esa lucha por imperio de las circunstancias estudiaré mi accionar futuro. Hasta entonces no habrá otro comando que el que antes indico para el cual pido a todos los compañeros, en nombre del futuro de nuestro Movimiento y de la liberación del Pueblo y de la Patria, su más amplia y leal subordi­nación y colaboración.

Mi larga experiencia política y mis conocimientos de los hombres y la conducción me capacitan como para poderos aconsejar al respecto. Los compañeros que forman la actual "Comisión Nacional" han sido amplia y profundamente analizados en su capacitación, como probados en la forma más fehaciente en su lealtad y sinceridad, por lo que me decido a delegar en ellos el mando, en la seguridad de que con ello aseguro nuestro porvenir y el de nuestro Pueblo.

En la lucha es donde yo he aprendido a conocer a los hombres que realmente valen. Nuestra juventud debe hacerme caso porque no me equivoco. Los jóvenes deben poner el impulso y los viejos debemos elegir la dirección. Ese mismo equilibrio ha sido logrado en los hombres de la conducción.

Hasta que yo esté en la Patria para luchar al lado de Ustedes, ellos dirán mi palabra.

Un gran abrazo.

Firmado: Juan Perón.

lunes, 9 de septiembre de 2019

Se cumplen 56 años de esta carta de Perón a las 62 Organizaciones Peronistas






Escrito por Juan Domingo Perón.

A los compañeros de las 62 Organizaciones

Buenos Aires

Mis queridos compañeros:

Después de la partida de los compañeros dirigentes que se reunieron conmigo en ésta, he recibido la comunicación de Las 62 Organizaciones, en la que me comunican Uds. la información correspondiente a las actividades, inquietudes y situación del momento. Espero que la llegada allí de esos dirigentes les haya permitido tener una idea completa de lo que tratamos aquí sobre los asuntos que interesan a nuestras organizaciones políticas y sindicales. El compañero Framini debe haberles informado exhaustivamente y tomado contacto con ustedes a los efectos de realizar todo en el mejor entendimiento y colaboración. Otro tanto digo con referencia a la compañera Parodi. Espero que no existan dificultades porque lo que se busca precisamente, es organizar todo allí sin fricciones ni enfrentamientos que, fuera de toda duda, es lo que buscan nuestros enemigos.

Espero también que el compañero Vandor haya recibido mi carta contestación de una suya que me llegó por intermedio de la compañera Delia Parodi, como asimismo esa contestación sea ya de conocimiento de los compañeros de Las 62 Organizaciones. Indudablemente el momento es delicado para nuestras formaciones de superficie, porque no debemos dudar que nuestros enemigos, que ya han intentado disociarnos mediante la violencia o el engaño, volverán a intentarlo por los medios que sean y, si nosotros no presentamos un frente granítico, unido y solidario, nos pueden hacer un "agujero" en cualquier momento. Por eso la responsabilidad de los dirigentes peronistas en estos momentos es muy grande frente a ésa y otras amenazas que la situación creada nos está mostrando con claridad. Nunca han necesitado de un mayor sentido de grandeza y de desprendimiento, de una mayor unidad y solidaridad peronista ni de la mayor comprensión, entendimiento y colaboración. Lo que importa salvar es la unidad partidaria. Los intereses de círculo y personales, no pueden contar en la situación actual, porque solo el triunfo del Movimiento puede representar el triunfo de los peronistas. Nadie escapará al derrumbé si, por errores nuestros, el Movimiento Peronista llega a caer en la disociación.

Toda la fuerza del Peronismo está indudablemente en las bases y la propaganda enemiga está decidida a minar esas bases aprovechando la más mínima disensión que se produzca entre los dirigentes peronistas, tanto en la línea política como en la sindical. Terminadas las elecciones del 7 de julio, esa propaganda capciosa e interesada, se ha dirigido especialmente a hacer aparecer este acto electoral como una derrota peronista, a pesar que ellos saben mejor que nosotros que todo ha sido producto del fraude y de la arbitrariedad. Algunos peronistas, con buena o mala intención, se han prestado a esa capciosa propaganda derrotista, atacando a nuestros dirigentes y creando ficticiamente un clima de desconcierto, incertidumbre y alcahuetería sistemática que nos perjudica grandemente en la unidad. Es preciso entonces proceder de la mejor manera que sea posible para neutralizar esa campaña y destruir los efectos perniciosos de la propaganda derrotista. Para ello lo primero que debemos hacer es ponernos de acuerdo todos los dirigentes para proceder en forma inteligente y atinada, en una acción de conjunto bien planteada y realizada en la mayor colaboración y cooperación posible. Es para dar lugar a eso que he dispuesto la reestructuración y reorganización de las formaciones peronistas de superficie, dando así lugar para que todos ustedes en perfecto acuerdo lleguen a las bases y trabajen acertada y convenientemente.

Sobre las formas de ejecución, sólo he indicado procedimientos generales que me han parecido a mí los más justos y convenientes a fin de que ustedes, los dirigentes, realicen las cosas de la mejor manera para asegurar antes que nada, la unión y solidaridad de los peronistas. No se me escapa que no todos estarán de acuerdo con lo ordenado, pero creo que la masa peronista, espera desde hace años una medida semejante que siempre he auspiciado pero que debido a las condiciones en que se luchaba no había sido posible hasta ahora, en que este período de aflojamiento de la tensión política, permite dedicarnos a reestructurar nuestras organizaciones, haciendo lo que la masa quiera, porque no debemos olvidar que el fuerte peronista ha estado siempre en sus bases. Es allí donde debemos satisfacer los deseos y afirmar nuestro predicamento, porque de lo contrario haremos el juego al que nos quieren llevar nuestros enemigos.

Pero esta reestructuración no ha de hacerse pensando en que los dirigentes que han estado al frente de las organizaciones no han cumplido con su deber, porque ello sería injusto en primer término, y porque con ello daríamos el gusto a nuestros enemigos, favoreciendo su propaganda y su calumnia. Hay que reorganizar el Movimiento para dar ocasión a que todos los Peronistas puedan tener su actuación y su ocasión, como asimismo hacer real aquello de que cada peronista lleva el bastón de mariscal en su mochila, dando también ocasión a la juventud a que salga a la palestra y luche como sólo la juventud sabe hacerlo. Si nosotros por egoísmo, cerramos el paso a nuestra juventud, renunciaríamos a nuestro porvenir.

Nuestra mayor satisfacción de viejos dirigentes ha de ser la de ayudar a que nuestros muchachos nos superen para bien del Movimiento y nuestra obligación presente ha de ser también la de asegurar el mejor encuadramiento futuro para nuestras formaciones políticas y sindicales, en la que se descarten los tránsfugas conocidos, se afirmen los dirigentes capacitados y se dé cabida a los nuevos valores que sean capaces de llevar adelante la lucha en que estamos empeñados y cumplir la misión que nos hemos impuesto.

Con el pensamiento puesto en estos elevados fines, es que debemos encarar todos la reorganización; siendo así, no puede haber rivalidades ni fricciones que no fueran inspiradas por móviles inconfesables, que no deben existir en nuestras filas. Yo estoy persuadido en absoluto que en el Peronismo no existen semejantes ambiciones ni intereses y que todo se puede hacer con la grandeza y la honestidad que siempre hemos tratado de mantener en el Peronismo. Por eso, creo firmemente que si todos ustedes se ponen de acuerdo para realizar la reestructuración inspirada en estos principios, no sólo no puede haber dificultades, sino que cualquiera que surja por la intervención de factores ajenos, puede ser superada sin mayores esfuerzos mediante unión y colaboración de los que proceden con honestidad y desprendimiento. Hay que defender por sobre todo al Movimiento y dentro de él la unidad y solidaridad, sin las cuáles nada será posible en la futura lucha.

Finalmente, yo sólo les pido a todos que se pongan de acuerdo antes de comenzar la tarea y luego, en la mayor armonía y cooperación, se dediquen lo que más convenga al Movimiento. Si ello se cumple todos tendremos que agradecerles a los dirigentes las ventajas que en el futuro afirmen la existencia y la acción de todo el Movimiento Peronista.

Sobre el viaje que los compañeros me anuncian para tratar conmigo las cuestiones pendientes, que me citan en su comunicación que contesto, si lo consideran necesario en las actuales circunstancias, y a pesar de cuanto aquí les digo y lo que les habrán informado los compañeros que estuvieron conmigo antes, yo los espero con todo gusto, como siempre.

Les ruego que trasmitan mis más afectuosos saludos a todos los compañeros.

Un gran abrazo.

viernes, 28 de junio de 2019

Se cumplen 156 años de la Batalla de Las Playas


Chacho Ángel Vicente Peñaloza, el patriota derrotado por las fuerzas cipayas mitristas


La batalla de Las Playas en la que el general Wenceslao Paunero, comandante de las fuerzas que respondían al nuevo presidente de la República Argentina Bartolomé Mitre, líder del partido liberal vencedor en Pavón, derrotó a Ángel Vicente Peñaloza, caudillo de la resistencia armada federal, fue librada el 28 de junio de 1863 en la provincia de Córdoba.

El 10 de junio de 1863 una revolución en la provincia de Córdoba, encabezada por el sargento Simón Luengo, derrocó al gobernador Justiniano Posse, partidario de Bartolomé Mitre, e impuso como nuevo gobernador a José Pío Achával, líder de los federales, llamados "rusos" en contraposición a los "aliados", liberales.

Ante la previsible respuesta militar del gobierno nacional, Pío Achával llamó en su auxilio al Chacho Ángel Vicente Peñaloza, quien marchó de inmediato al frente de sólo 100 riojanos y entró en la ciudad de Córdoba el 14, ya con 400 hombres de tropa. El 17 incorporó 300 cívicos, milicias de la provincia y en los siguientes días llegó a levantar un ejército de 2.000 hombres, mal montados y peor armados.

Wenceslao Paunero ordenó un reagrupamiento de las fuerzas nacionales en Anisacate, a escasos 47 km de la ciudad de Córdoba, donde convergieron con rapidez alrededor de 3.500 hombres de los regimientos de caballería de línea 1°, 2° (Fraile Muerto, comandante Villar) y 7° (Río Cuarto, coronel Baigorria), 3 batallones de infantería y contingentes de Guardias Nacionales, con los que marchó sin demora a Malagüeño, a 25 km de Córdoba, siguiendo sin detenerse hacia la capital provincial.

Despliegue
Peñaloza, sin tiempo ya para preparar sus fuerzas y obligado a presentar batalla, resolvió no defender la ciudad para evitar el consiguiente daño a su población e infraestructura y adelantó su ejército al campo de Las Playas, 7 km al suroeste de la capital, en el Departamento Capital, en los actuales terrenos de la Escuela de Suboficiales de Fuerza Aérea y FADEA

Allí, Peñaloza desplegó sus fuerzas, unos 2000 hombres, de la siguiente manera:

Ala derecha: dos divisiones de caballería al mando del coronel Juan Gregorio Puebla
Centro, 700 hombres al mando del coronel José Avelino Burgoa, distribuidos en una casa y cercos y zanjas cercanos.
De derecha a izquierda:
Batallón N° 1 de infantería, mayor Asencio Palacios
Batallón N° 2 de infantería, mayor Rafael Gigena
Batallón N° 3 de infantería, mayor Domingo Cuello
Artillería: una pieza volante
Ala izquierda: una división de caballería al mando del coronel Fructuoso Ontiveros
Reserva: 1 destacamento de caballería y un batallón de infantería al mando de Felipe Varela. Un destacamento de caballería de escolta al mando del mismo Peñaloza
En las primeras horas del 28 de junio de 1863 el ejército "nacional" se hizo presente en el campo de batalla. Paunero desplegó sus fuerzas de la siguiente manera:

Ala derecha: 10 escuadrones de caballería desplegados en escalón al mando del coronel Ambrosio Sandes
Centro: al mando directo del general Paunero, incluyendo de derecha a izquierda
Batallón N° 1 de infantería, 3 compañías escalonadas al mando del mayor Julio Campos
Batallón N° 2 de infantería, 3 compañías escalonadas al mando del mayor Manuel Morillo
Batallón N° 3 de infantería, 3 compañías escalonadas al mando del mayor Nicanor Quirno
Ala izquierda, de derecha a izquierda;
División de caballería con 6 escuadrones escalonados al mando del coronel Manuel Baigorria, apoyando la infantería
Dos escuadrones de caballería (100 Guardias Nacionales) al mando del mayor Juan Ayala, apoyando a:
División de caballería con 6 escuadrones escalonados al mando del coronel Luis Álvarez
Reserva: 6 escuadrones de caballerìa al mando del teniente coronel Benito Nazar.
Las tropas nacionales contaban con los primeros fusiles Enfield, de superior desempeño a los viejos fusiles de chispa utilizados por las montoneras.

Separaban a los contendientes una chacra en el centro y más allá el camino de San Roque a Córdoba.

Paunero lanzó su infantería por el centro en masa y columnas paralelas mientras el ala derecha cargaba sobre la izquierda enemiga, reforzada oportunamente por Varela, quien resultó gravemente herido. La derecha federal se dispersó y la caballería de Sandes en conjunto con la infantería arrolló el centro. En pocos minutos la batalla estaba decidida y se convertía en pura masacre.

La caballería mitrista persiguió a los federales por tres leguas. En el campo quedaron 300 muertos y 740 prisioneros y heridos federales y sólo 14 muertos y 20 heridos de Paunero, quien tomó un cañón y 300 fusiles.

En el primer parte, Paunero alababa a Sandes y a la Guardia Nacional, incluso reconocía a sus adversarios al afirmar que "los malditos mulatos rusos de Córdoba se han batido con un arrojo digno de mejor causa".

En el parte oficial del día siguiente a la batalla, detallaba: "Ha caído en nuestro poder toda la infantería del enemigo, una pieza de artillería y dos banderas, no habiendo huido del campo una sola partida que alcance a 20 hombres, por lo que es muy probable que caigan en nuestras manos los principales cabecillas en la persecución activa que se les hace en este momento. El campo, especialnente donde ha cargado la caballería, ha quedado en todas direcciones sembrado de cadáveres, cuyo número calculo en cerca de 300, teniendo en nuestro poder más de 400 hombres prisioneros. Nuestra pérdida relativa ha sido diminuta."

Un tercer parte del 30 de junio detallaba aún más "La pérdida del enemigo es inmensa con relación al número de combatientes, y consiste en cerca de 300 muertos, 40 heridos y 700 prisioneros. Entre los primeros se cuentan muchos jefes y oficiales cuyos nombres se registran en la adjunta lista, así como el de dos jefes y 16 oficiales entre los prisioneros; habiéndose tomado en combate un cañón de a 2, una bandera, 330 fusiles, lanzas y sables, que el enemigo arrojó en su despavorida fuga"

Por la noche se incendió el campo de batalla para quemar los cadáveres, pero sin retirar a muchos de los heridos que murieron entre las llamas.

Conducta de las fuerzas nacionales

Sin que Paunero quisiera o pudiera intervenir, el oriental Sandes hizo una vez más justicia a la fama de brutalidad que lo signaba y "Las Playas fue una verdadera carnicería; similar a Vences y Cañada de Gómez".

Luego de la batalla hubo fusilamientos, entre ellos los del coronel Burgoa y los oficiales Palacios, Cabrera, Gigena y Moral, y se instaló en el sitio del actual General Paz un verdadero campo de concentración de prisioneros que el cronista Sánchez en su libro Hombres y episodios de Córdoba denominó un "campamento de tortura".

Incluso Domingo Faustino Sarmiento, el mismo que había afirmado "Si Sandes mata gente, cállense la boca. Son animales bípedos de tan perversa condición, que no sé qué se obtenga con tratarlos mejor", declararía ante el Senado Argentino en 1875 que "En Las Playas fueron fusilados por el general Paunero, Comandante General de Armas y Director de la Guerra, el coronel Burgoa, del Ejército Nacional o Libertador en Caseros, mi compañero de campamento, oficial de Rosas y de Urquiza. Fueron fusilados en esa acción en Córdoba el comandante Gigena y Atienzo. El coronel Sandes, del 1° de línea, mandó azotar un número de prisioneros de guerra..."

Ante la masacre, el comandante mitrista Romualdo Pizarro y su hermano Manuel salvaron cuantos heridos y prisioneros estuvieron a su alcance reuniéndolos en el centro de su unidad y conduciéndolos en sus propios caballos a la casa paterna en la ciudad.5? En Las Playas, al decir de los cronistas, "el sable de Sandes, más sanguinario a veces que la lanza de Quiroga, después de haberse blandido con furor en el combate, se ensañó sin piedad con el vencido"

Tras la primera jornada, la persecución de largo alcance de los sobrevivientes estuvo a cargo de Luis Álvarez. Los derrotados que pudieron huir se dirigieron a Cruz del Eje y de allí a La Rioja, y fueron reconcentrados por Peñaloza en Los Llanos.

José Pío Achával, promotor del levantamiento, no asistió a la batalla y tras conocer su resultado huyó refugiándose con Urquiza en la provincia de Entre Ríos. Luengo huyó a Río Cuarto y se rindió ante las tropas nacionales.

Muchos prisioneros fueron incorporados por la fuerza a las tropas de línea. Algunos oficiales rusos salvados siguieron similar camino. Los hermanos Francisco y Froilán Leyría se incorporaron al Ejército Nacional alcanzando altos grados.

martes, 11 de junio de 2019

Nuestro querido Teniente Primero Néstor Marcelo Videla era asesinado hace 63 años por los enemigos del Pueblo argentino




Néstor Marcelo Videla, Teniente Primero del Ejército Argentino, Maestro de Banda Musical en la Escuela de Suboficiales y ferviente Peronista, fué fusilado en Campo de Mayo, provincia de Buenos Aires, luego del frustrado intento del 9 de junio de 1956 intentando derrocar al infame gobierno de facto de los criminales Aramburu y Rojas.
Nuestra agrupación lleva su nombre en homenaje a su gloriosa memoria de martir del pueblo